
Antes de que el río Sena llevara el nombre que conocemos hoy, tenía el de una diosa. Se llamaba Sequana — y durante siglos, peregrinos venidos de toda la Galia, y más tarde del Imperio Romano, caminaban hasta su fuente en Borgoña para pedirle curación, protección, y gratitud.
Sequana es una de las divinidades celtas mejor documentadas arqueológicamente. Y sin embargo, es una de las más olvidadas.
Una diosa, un río, un santuario
Las principales fuentes dedicadas a Sequana se encuentran en Borgoña septentrional, especialmente en la fuente del Sena, donde las excavaciones arqueológicas han desenterrado un complejo templario y más de mil ofrendas votivas. Wikipedia
El santuario galo-romano de las fuentes del Sena fue acondicionado a principios del siglo I de nuestra era y estuvo ocupado hasta finales del siglo IV. Pero el culto a Sequana es anterior a la conquista romana — hunde sus raíces en la tradición celta gala, donde los ríos, las fuentes y las aguas en general eran considerados lugares sagrados, espacios de contacto entre el mundo humano y el mundo invisible. Franceinfo
El nombre mismo de Sequana designa a la vez a la diosa y al río — no hay separación entre ambos. La diosa no habita el río : ella es el río. Esta identificación entre una fuerza femenina divina y un curso de agua es un patrón recurrente en las culturas celtas de Europa occidental, desde Irlanda hasta la península ibérica.
Los ex-votos : un archivo de sufrimientos y esperanzas
Lo que hace a Sequana excepcional desde el punto de vista arqueológico es la extraordinaria colección de ex-votos descubierta en su santuario. Durante las excavaciones realizadas entre 1836 y 1967, los arqueólogos descubrieron unos 1.500 ex-votos — ofrendas votivas — en piedra, bronce y madera, representando partes del cuerpo que simbolizaban heridas o enfermedades que necesitaban curación. Le Ptit Rat
Ojos, manos, pies, órganos internos — cada objeto representaba un sufrimiento real, una esperanza depositada en las aguas de la diosa. Entre estos objetos encontramos tanto ofrendas para pedir curación como objetos de agradecimiento por un voto cumplido. Wikipedia
Este gesto — depositar en el agua la imagen del mal que te aqueja, confiar en la fuerza sanadora del río — es uno de los más universales y persistentes de la historia humana. Lo encontramos en las fuentes sagradas de Huelva, en los ríos rituales de la protohistoria ibérica, en las ermitas junto a manantiales que salpican toda Andalucía. La forma cambia. El gesto permanece.
La estatuilla de la barque : una imagen para la eternidad
La única representación de Sequana que ha llegado hasta nosotros data del siglo I y es la joya de la colección del Museo Arqueológico de Dijon : una estatuilla de bronce que representa a la diosa coronada, vestida con un traje fluido, de pie sobre una barca cuya proa fue moldeada en forma de cabeza de pato o cisne. Le Ptit Rat

Sequana, diosa galo-romana de las fuentes del Sena. Estatuilla en bronce, siglo I d.C. Descubierta en 1933 en el santuario de Source-Seine, Borgoña. Museo Arqueológico de Dijon. La diosa, coronada y vestida con una túnica fluida, se yergue sobre una barca cuya proa adopta la forma de una cabeza de ave acuática — símbolo del movimiento, del paso entre mundos, y de la protección de los más vulnerables.
La barca es lo que define a Sequana. No está inmóvil sobre un pedestal : está en movimiento, sobre el agua, avanzando. Una diosa que navega — imagen perfecta de un principio femenino que no protege desde la distancia, sino que acompaña, que lleva, que guía a través de lo desconocido.
El ave acuática es frecuentemente evocada como el animal protector de los niños y de la familia. Una protectora de los más vulnerables, encarnada en un pájaro que vive entre dos mundos — el agua y el aire, lo visible y lo invisible. Le Ptit Rat
Sequana y el agua en la protohistoria ibérica
Sequana es una diosa gala. Pero su lógica simbólica — el río como ser vivo, el agua como fuerza sanadora, lo femenino como mediador entre el mundo humano y el mundo natural — no es exclusiva de la Galia.
En la península ibérica, y particularmente en el suroeste, los depósitos rituales hallados junto a fuentes, ríos y cursos de agua testimonian una relación similar con el elemento acuático. El Río Tinto y el Odiel, con sus aguas cargadas de minerales y sus colores excepcionales, eran en el imaginario protohistórico local territorios de frontera — espacios donde lo humano y lo divino se rozaban.
Nos encontramos aquí con algo fundamental : a través de culturas distintas, de territorios alejados, de épocas diferentes, emerge una misma intuición. El agua no es solo un recurso. Es un ser. Y ese ser tiene nombre.
¿Qué nos dice Sequana hoy?
Vivimos en una época donde los ríos son canales de riego, recursos hídricos, problemas de gestión. El Sena es un río con niveles de contaminación. El Río Tinto es conocido por su toxicidad minera. La distancia entre nosotros y Sequana parece enorme.
Y sin embargo. Los numerosos ex-votos anatómicos en madera, piedra y metal encontrados en las fuentes del río, milagrosamente conservados en la arcilla durante siglos, son representaciones de cuerpos sufrientes ofrecidos a Sequana con la esperanza de una curación. Detrás de cada objeto hay una persona real, con un dolor real, que buscó en el agua algo que la medicina humana no podía darle. Yantomaszewski
Esa búsqueda no ha desaparecido. Ha cambiado de forma. Y releer a Sequana es preguntarnos : ¿qué perdemos cuando dejamos de ver en el agua algo más que H₂O? ¿Qué tipo de relación con el mundo vivo desaparece cuando un río deja de tener nombre propio — y pasa a ser simplemente «el río»?
