Una mirada sobre las relaciones entre cultura, territorio y transmisión

¿Qué significa exactamente? ¿Y qué relación tiene con la historia, la arqueología, el patrimonio o el ecofeminismo?
Para mí, la ecología cultural parte de una idea sencilla: las sociedades humanas no existen al margen de los territorios que habitan.
Nuestros paisajes, recursos, materias, animales, plantas, estaciones y condiciones ambientales influyen en nuestras formas de vida. Pero la relación funciona también en sentido contrario: las sociedades transforman sus territorios, desarrollan técnicas, crean paisajes, organizan los recursos y construyen alrededor de ellos conocimientos, prácticas, símbolos y formas de representación.
La ecología cultural se interesa precisamente por estas relaciones.
Cultura y territorio
Observar una cultura desde esta perspectiva significa ir más allá de sus monumentos, obras de arte o acontecimientos históricos.
También podemos preguntarnos:
¿Cómo habitaba una comunidad su territorio?
¿Qué recursos utilizaba y cómo los transformaba?
¿Qué conocimientos eran necesarios para vivir en ese entorno?
¿Qué técnicas desarrollaba?
¿Cómo influían las estaciones y los ciclos naturales en la vida cotidiana?
¿Qué prácticas y conocimientos se transmitían entre generaciones?
¿De qué manera las actividades humanas transformaban, a su vez, el paisaje?
Estas preguntas permiten comprender la cultura como algo vivo: una red de relaciones entre las personas, las comunidades, las materias, los territorios y los seres vivos que los rodean.
¿Qué tiene que ver esto con la Historia y la Arqueología?
Mucho.
Cuando estudiamos una sociedad del pasado, podemos observar no solamente sus objetos o sus construcciones, sino también las relaciones que existían entre esa comunidad y su entorno.
Un objeto arqueológico, por ejemplo, puede hablarnos de una materia prima, de una técnica, de un conocimiento especializado, de una actividad económica, de una forma de organización social o de una red de intercambios.
Un paisaje arqueológico también puede conservar las huellas de las actividades humanas y de las transformaciones que un territorio ha experimentado a lo largo del tiempo.
En este sentido, la cultura material constituye una de las formas en las que podemos acercarnos a la relación entre una sociedad y el mundo que la rodeaba.
Mi interés por la Protohistoria de la Península Ibérica y de la fachada atlántica parte también de esta mirada.
No se trata únicamente de estudiar quiénes fueron esas sociedades o qué objetos dejaron atrás, sino de intentar comprender cómo habitaban sus territorios, qué conocimientos desarrollaron y cómo se transmitían determinadas prácticas y formas de relación con el entorno.
Ecología cultural no significa idealizar el pasado
Este punto es fundamental.
Hablar de ecología cultural no significa considerar que las sociedades antiguas vivían en perfecta armonía con la naturaleza.
Tampoco significa proyectar sobre ellas nuestras actuales preocupaciones ecológicas.
Las sociedades del pasado también transformaron los paisajes, explotaron recursos, desarrollaron actividades productivas y pudieron generar desequilibrios.
Por eso, estudiar estas relaciones exige una mirada histórica y crítica.
El objetivo no es construir una imagen romántica de un pasado supuestamente más «natural», sino comprender las diferentes formas en que las sociedades humanas han interactuado con sus territorios.
Y, a partir de ese conocimiento, abrir preguntas sobre nuestro propio presente.
¿Y dónde entra el ecofeminismo?
La ecología cultural y el ecofeminismo son conceptos diferentes, aunque pueden dialogar.
Mientras la ecología cultural se interesa por las relaciones entre sociedades, culturas y entornos, el ecofeminismo permite introducir una reflexión crítica sobre las relaciones de poder, especialmente sobre los vínculos entre la dominación de las mujeres, la explotación de determinados territorios y la apropiación de los recursos y del mundo vivo.
En Nemesia Art, esta perspectiva me lleva a prestar especial atención a cuestiones como los trabajos tradicionalmente realizados por las mujeres, los saberes domésticos y rurales, las prácticas artesanales, la transmisión intergeneracional y la relación entre cultura material, territorio y formas de vida.
Siempre desde una perspectiva histórica: sin convertir a las mujeres del pasado en una imagen idealizada de «mujeres ancestrales» y sin atribuirles categorías que pertenecen a nuestro presente.
La transmisión como hilo conductor
Aquí es donde la ecología cultural encuentra uno de los principales ejes de Nemesia Art: la transmisión.
Una sociedad no transmite únicamente relatos o acontecimientos.
También transmite técnicas, gestos, conocimientos sobre las materias, formas de cultivar, cocinar, construir, tejer, cuidar, celebrar y relacionarse con el territorio.
Parte de nuestra cultura vive precisamente en aquello que aprendemos haciendo.
Por eso, para mí, investigar la cultura material y crear con las manos pertenecen a un mismo universo.
El trabajo textil, por ejemplo, no es solamente una actividad artesanal. Puede ser también una forma de conocimiento: conocer una fibra, una materia, una técnica, una herramienta, un proceso y los usos sociales asociados a una determinada pieza.
El gesto también transmite.

Del pasado al presente
Esta mirada no pretende convertir el pasado en un modelo que debamos reproducir.
Pretende utilizarlo como una herramienta para pensar.
Comprender cómo otras sociedades se relacionaron con sus territorios puede ayudarnos a formular nuevas preguntas sobre nuestra propia manera de vivir, producir, educar, consumir y transmitir.
¿Qué conocimientos estamos perdiendo?
¿Qué prácticas merece la pena conservar?
¿Qué relaciones con nuestro territorio queremos mantener?
¿Qué queremos transmitir a las generaciones que vienen?
Por eso, cuando hablo de ecología cultural, no me refiero simplemente a una combinación de ecología e historia.
Me refiero a una forma de observar las relaciones entre personas, culturas, territorios, materias, prácticas y memoria, y a preguntarnos cómo esas relaciones se transforman y se transmiten a lo largo del tiempo.
Explorar estas conexiones a través de la historia, la educación y la creación artesanal puede abrir nuevas formas de mirar el pasado y el presente.
¿Qué conocimientos queremos conservar? ¿Qué formas de hacer nos siguen hablando? ¿Qué podemos aprender de ellas? ¿Y qué nos gustaría transmitir a quienes vienen después?
